Entrevista: Los Kawas: Una tradición viva en Tierra Santa

Abr 23, 2026

Quienes visitan Jerusalén pueden observar, en algunas celebraciones solemnes, a hombres con uniforme tradicional y bastón ceremonial acompañando a las autoridades eclesiásticas. Son los kawas, un signo visible de la continuidad histórica de la presencia cristiana en Tierra Santa.

Los «Kawas» (también escritos Kawass o en plural: Kawasin), es una tradición que se remonta a la época del Ottoman Empire, cuando los kawas servían como guardias y escoltas oficiales de cónsules extranjeros y líderes cristianos. Su presencia no sólo ofrecía protección, sino que también representaba el reconocimiento institucional de las comunidades cristianas, dentro del complejo contexto religioso y político de la región.

En la actualidad, los kawas mantienen un papel principalmente ceremonial, especialmente en celebraciones vinculadas a la Custodia de la Tierra Santa y al Patriarcado Latino de Jerusalén, particularmente en la Iglesia del Santo Sepulcro.

Hoy ya no cumplen una función de seguridad, sino de honor y tradición. Acompañan a obispos y patriarcas en procesiones solemnes, ayudan a mantener el orden durante las celebraciones y simbolizan siglos de presencia cristiana ininterrumpida en Jerusalén.

Shadi, Saliba y William en la Iglesia del Santo Sepulcro

Shadi, Saliba y William en la Iglesia del Santo Sepulcro

Entrevistador: Shadi Nakhleh Saleh, ¿qué significa ser un kawas en Jerusalén?

Significa caminar con el peso de la historia en tus manos y proteger algo invisible. Somos más que guardias. Somos testigos. Protegemos la dignidad del momento, el camino del Patriarca, el silencio de la oración. Servimos a las iglesias… y, a través de ellas, servimos a la paz.

Ser un kawas en Jerusalén significa llevar consigo una profunda historia y una gran responsabilidad al mismo tiempo. No sólo protegemos a las personas, sino también la santidad del lugar, el momento y las tradiciones que se remontan a siglos atrás. Nuestra presencia simboliza el respeto, el orden y el servicio a la Iglesia y a la comunidad. A través de nuestro servicio, ayudamos a preservar el espíritu de paz y convivencia en esta ciudad santa.

Su uniforme es llamativo. ¿Cuál es su origen?

Nuestro uniforme proviene de la época otomana. Los fez, los bordados dorados, el bastón… todos son símbolos de autoridad, respeto y tradición. En aquel entonces, los Kawas eran como guardaespaldas diplomáticos. Hoy en día, es principalmente ceremonial… pero nuestro papel sigue teniendo un profundo significado, especialmente aquí, en el Santo Sepulcro.

¿Eres cristiano?

Sí. La mayoría de los kawasin son cristianos árabes. Mi familia es ortodoxa griega, aunque servimos a todas las iglesias de aquí. En la Ciudad Vieja, crecemos escuchando cantos latinos, de la comunidad luterana, pero pertenecemos a la comunidad latina, a las campanas armenias y a las oraciones árabes. Para nosotros es algo normal. Forma parte de la misma melodía.

¡Es realmente hermoso! Parece que la diversidad religiosa y cultural es una parte importante de tu vida cotidiana, lo que hace que la experiencia de la fe sea rica y multifacética.

¿Sientes que formas parte de algo más grande?

Siempre. Cuando encabezo la procesión del Fuego Sagrado el Sábado Santo, o camino delante del Patriarca Latino el Domingo de Ramos… siento los siglos detrás de mí. Las huellas de los santos. La esperanza de millones de personas. Puede que sólo esté caminando… pero sé que camino por los demás.

Al participar en ceremonias espirituales o cuando  encabezo procesiones, siento que formo parte de un legado que abarca siglos, y que mis pasos no son solo míos, sino que llevan consigo las esperanzas de otros. Estos momentos me recuerdan que lo que hacemos hoy contribuye a una historia mucho más grande que nosotros mismos.

Kawas entrando en la Iglesia del Santo Sepulcro

Kawas entrando en la Iglesia del Santo Sepulcro

¿Alguna vez ha enfrentado desafíos en este papel?

Por supuesto que sí. Hay tensiones, disputas entre comunidades, estrés político, turistas que empujan. Pero mi trabajo es mantener la paz, mantener la procesión en movimiento, proteger lo sagrado. A veces con fuerza, a veces con palabras tranquilas. Siempre con dignidad.

Muestra un equilibrio entre la firmeza y la sabiduría en el manejo de los desafíos. Resalta que usted protege los valores y a la comunidad con dedicación disciplinada y consciente.

¿Qué momento te ha emocionado más en todos estos años?

Una vez, encabezaba una pequeña procesión para un obispo anciano. Detrás de él caminaba un hombre en silla de ruedas, un peregrino de la India. Cuando entramos en el Santo Sepulcro, empezó a llorar. Dijo: «Nunca pensé que llegaría aquí con vida». Eso me conmovió profundamente. En ese momento, me di cuenta de que este trabajo no es sólo una ceremonia, es un servicio al alma.

La historia realmente conmueve el corazón y nos recuerda que el mayor servicio que podemos ofrecer es al alma y a la humanidad. Momentos como estos dan un significado real a nuestro trabajo.

¿Qué mensaje le darías a los jóvenes cristianos del mundo?

Mi mensaje para los jóvenes cristianos de todo el mundo es: nunca olvidéis vuestras raíces y vuestra fe. Somos cristianos en la tierra de Cristo, pocos en número, pero fuertes. Rezad y pedid la paz, y proteged los lugares sagrados, no sólo las piedras, sino también a las personas, la memoria y la misión. Y si Dios os da fuerzas, sed servidores de la paz.

Por Blanca Ramírez, Centro de Visitantes Saxum, manager

 

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