Saxum lugar de paz, fe y esperanza en medio de la incertidumbre

May 19, 2026

Mi estancia en Jerusalén como trainee en el Saxum Visitor Center marca un antes y un después en mi vida, especialmente por haber sucedido en tres situaciones tan distintas: antes, durante y después de la guerra.

Antes de que estallara el conflicto, mi experiencia estaba llena de descubrimiento y asombro hacia la Tierra que pisó Dios. Cada día recibía peregrinos de todas partes del mundo, acompañándolos en un recorrido multimedia no sólo cultural, sino profundamente espiritual.

Jerusalén vibra con una mezcla única de historia, fe y diversidad. Las calles están llenas de voces, idiomas y rostros que reflejaban una búsqueda común: entender mejor las raíces de su fe y de su cultura. Mi labor, aunque sencilla, me hacía sentir parte de algo mucho más grande.

Cómo cambió Jerusalén durante la guerra

Con el inicio de la guerra, todo cambió de forma abrupta. El flujo constante de visitantes se detuvo casi por completo, y el ambiente en la ciudad se volvió tenso, incierto. Las sirenas que anunciaban los ataques, el silencio repentino de los espacios antes llenos y la preocupación constante marcaron esos días. Mi papel también se transformó: ya no se trataba sólo de acoger, sino de sostener, de acompañar a quienes permanecíamos allí.

Se crearon lazos más profundos con el equipo, basados en la solidaridad y el apoyo mutuo. Hubo momentos intensos, como la repatriación de un grupo de América que estaba participando en una actividad en Saxum Conference Center, o el grupo de peregrinos que nos visitó el día anterior, fueron momentos de una humanidad muy tangible para hacer más llevadera la espera y la incertidumbre y para transmitir paz.

Con gran alivio recibimos la noticia del alto al fuego temporal. Tierra Santa no podía ser exactamente la misma, ni yo tampoco.

Saxum en tiempos de Paz

Teresa con amigos en Saxum Visitor Center

El regreso de los peregrinos a Saxum

Muy poco a poco, van regresando los peregrinos, aunque con otra mirada, quizás más consciente, más agradecida. Jerusalén volvió a llenarse de vida, pero con una sensibilidad distinta. Cada historia compartida tiene un peso mayor, cada encuentro parece más significativo. Yo llevo conmigo todo lo vivido: la alegría inicial, el miedo y la incertidumbre, y finalmente una renovada esperanza.

Esa experiencia me enseña que incluso en los lugares más sagrados, la fragilidad humana está presente, pero también lo está la capacidad de reconstruir, de acoger y de seguir adelante. Jerusalén, en sus contrastes, me mostró una fe más real, más encarnada en la vida cotidiana.

Hoy más que nunca, recordamos que esta es la tierra de la Pasión… pero también de la Resurrección.

Seguimos adelante, confiando en Dios, y agradecidos por sus oraciones, que nos sostienen y nos acompañan cada día rezando por la Paz aquí y en todo el mundo.

Teresa en Saxum

Teresa en Saxum

Por Teresa Blanco Fernández

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