El palacio de Herodes en Jerusalén y sus torres

Jul 16, 2026

Entre las construcciones civiles de la ciudad de Jerusalén en tiempos de Jesús destacaba el palacio de Herodes. Se alzaba sobre una plataforma artificial de 330 metros de largo por 130 de ancho, que aún se conserva, y tenía notables fortificaciones. En tiempo de Jesús servía como pretorium, esto es, como residencia de los prefectos romanos cuando estaban en Jerusalén, lo que de ordinario sólo sucedía ocasionalmente, ya que entonces la capital era Cesarea Marítima.

EL PALACIO DE HERODES - SAXUM

Maqueta de Jerusalén en tiempos de Jesús

El Palacio de Herodes según Flavio Josefo

Flavio Josefo dice del palacio de Herodes, además de las imponentes murallas y torres que lo fortificaban, contaba con amplias salas de banquetes y numerosas habitaciones para los huéspedes. Los salones tenían espléndidos artesonados, y en los patios y espacios al aire libre había grandes zonas verdes con árboles, arbustos, estanques y arroyos. Fue incendiado por unos judíos que se habían sublevado contra la ocupación romana en el año 66 dC. y finalmente destruido en la conquista del Jerusalén del año 70 dC.

Flavio Josefo, que lo conoció, lo describe así:

“El palacio real, que supera toda descripción (…) no era superado por ninguna otra construcción ni en su desmesurado lujo ni en su equipamiento. Estaba totalmente fortificado a su alrededor por muros de una altura de treinta codos, en los que se repartían, a distancias iguales, torres ornamentales, inmensas salas y alojamientos provistos de cien camas para los huéspedes. En estas construcciones había una indescriptible variedad de piedras, pues allí se encontraban muchos tipos que en otras partes son raros. También eran llamativos sus techos por la magnitud de sus vigas y por el esplendor de su ornamentación. Así mismo había una gran variedad de estancias, de muy variadas formas, todas completamente amuebladas y la mayoría de los enseres que había en cada una de ellas era de plata y oro. Numerosos pórticos se sucedían en círculo, uno tras otro, cuyas columnas eran diferentes en cada uno de ellos, y los patios que había en medio estaban totalmente verdes. Poseía todo tipo de vegetación, en medio de la que se abrían grandes paseos, rodeados de profundos canales, de estanques llenos de estatuas de bronce, de las que salía agua, y son muchas las torres de palomas domésticas que bordeaban la corriente del agua” (Flavio Josefo, De bello iudaico, V, 176-182).

En su entorno había tres torres muy nobles y hermosas. A una de ellas Herodes le había dado el nombre de Híppico en memoria de un amigo suyo que había fallecido. De esta, que tenía unos treinta y cinco metros de altura, aún se conservan varias hiladas de piedra en la que actualmente se llama Torre de David.

Además de esa, las más grandiosas, por su altura, pórticos y estancias señoriales, eran las de Fasael, nombre del hermano de Herodes, y la de Mariamme, la esposa a la que Herodes adoraba, pero que no dudó en asesinar.

Por Francisco VAro Pineda, sacerdote

Compartir: