Lo esencial oculto a los ojos

Jun 19, 2026

En las pantallas interactivas del Visitor Center de Saxum se puede rastrear desde su origen hasta tiempos recientes el desarrollo material de los lugares Santos. Es un modo de mostrar la autenticidad de la tradición que los legitima. El visitante puede ver, por ejemplo, cómo quedaron el Calvario y el Santo Sepulcro, cuando en el año 130, el emperador Adriano mandó construir, sobre el terreno, previamente allanado, un templo a Venus y otro a Júpiter, para borrar la memoria de lo que allí había sucedido. Sin embargo, la construcción que pretendía ocultar el Gólgota a la veneración cristiana, contribuyó a preservarlo y mantenerlo identificado.  ¡Todos sabían que debajo de estos templos estaban los lugares de la muerte y resurrección de Jesús!

Sucesos de esta índole ayudan a comprender mejor la capacidad que todos tenemos de ver más allá de lo inmediato, de trascender lo meramente aparente, de comprender que lo esencial es invisible a los ojos, como lo expresó magistralmente el escritor francés Antoine de Saint Exupéry, por boca del Principito.

Lo esencial oculto a los ojos - Fiesta de san Josemaría

Peregrinos de Nigeria, Filipinas, Uganda, Kenia en Jerusalén

¿Acaso no es ese modo de mirar el que nos recuerda la fe? La fe entrena la mirada para ver lo esencial, lo que vale la pena preservar, lo que, en último término, da sentido a la existencia y la transforma. Quien ve lo esencial, sabe ver el árbol en la semilla y trabajar con alegría, con la certeza del fruto que está ahí, -oculto-, pero está. La esperanza, anclada en la fe, nutre la resiliencia: no niega el dolor, lo afronta de manera constructiva.

La esperanza no es una virtud desencarnada que sueña con un futuro utópico en el que las cosas irán mejor, no se sabe bien cómo ni por qué. La esperanza cristiana, al contrario, anima a esforzarse en el trabajo, bien hecho, día a día; a cultivar las relaciones interpersonales a todos los niveles, de modo positivo. En último término, la esperanza del cristiano se alimenta en la certeza de que Dios quiso entrar en nuestro tiempo; hacer suyo nuestro calendario, con sus ritmos vitales de trabajo y descanso, sus días únicos y aparentemente iguales, para introducirnos en el Suyo: la eternidad, no como invitados de excepción, sino como miembros muy queridos de la familia de Dios.

Grupo de Francia, Saxum

El Enmanuel, Dios con nosotros, anunciado por el profeta Isaías, vino para quedarse, acampó entre nosotros (Jn1,14), y se ha quedado para siempre: en la Eucaristía de forma real, sustancial, verdadera; y en la Iglesia, vivificada por el Espíritu Santo. Dios escondido y siempre presente, Dulce huésped del alma, dice la secuencia de la Misa de Pentecostés. Nuestra vida se transforma cuando, como los discípulos de Emaús, caminamos con Cristo, escuchamos su Palabra y nos sentamos con Él a la mesa, dispuestos a compartir el Pan, que es Él mismo, que se nos da.

Grupo de Rumania en Saxum

A la luz de esta realidad, las palabras de san Josemaría, pronunciadas en el año 1967 en una Misa celebrada al aire libre en el campus de la Universidad de Navarra, son de perenne actualidad: Dios nos llama, -decía en esa ocasión- a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Sabedlo bien, añadía: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir. 

El 26 de junio la iglesia celebra su fiesta. Un buen momento para conocer mejor su mensaje sobre la grandeza de la vida corriente.

Por Carmen Rodríguez Êyre

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