Emeq ha-Ela/El valle del Terebinto: lugar del duelo entre David y Goliat

Feb 18, 2024

Los ejércitos de los filisteos y de Israel se miran fijamente. El valle del Terebinto los separa. De las filas filisteas sale un soldado gigantesco. Se adelanta hacia las primeras líneas del ejército de Israel para lanzar un desafío. Se hace un silencio pesado en el campamento de Israel, nadie se atreve a aceptar el reto tanto la estatura del campeón filisteo impresiona. Así nos lo describe la Biblia (1 Sam 17:4-7):

“Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín llamado Goliat, oriundo de Gat, que medía seis codos y un palmo de altura. Llevaba un casco de bronce en su cabeza y vestía una coraza de malla; la coraza pesaba cinco mil siclos de bronce. En sus piernas tenía canilleras de bronce y una jabalina de bronce a la espalda. El asta de su lanza era como un rodillo de telar y la punta de su lanza pesaba seiscientos siclos de hierro. Delante de él iba su escudero.”

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Izquierda: “David y Goliat”, litografía de Osmar Schindler (1888). Wikipedia

Derecha: bajando de Kh. Qeyafa hacia Emeq ha-Ela. El lecho del arroyo está marcado por una línea de terebintos (árboles grises en la foto). Lior Peleh

De repente, se oye la voz de un joven: David, hijo de Jesé, un pastor de Belén se ofrece para el duelo. Poco tiempo antes, había ingresado en la corte del rey Saúl. Allí, se hizo amigo de Jonatán, el hijo del rey. En un primer tiempo, Saúl trata de hacer que David reconsiderase su proyecto suicida, pero, ante tanta tozudez, acepta. Ordena entonces Saúl revestir a David de su equipamiento militar, pero, como era de prever, al pastor de Belén, le quedan demasiado grandes y molestos el casco y la coraza del rey de Israel. Se deshace David de ellas, y se lanza al encuentro con Goliat confiando en la protección del Altísimo. Al cruzar el arroyo recoge unas piedras lisas que pone en su bolsa. 

Al llegar a poca distancia de David, Goliat le insulta y con él todo el ejército de Israel. Se arroja entonces David en dirección del filisteo, arma su honda con una piedra, apunta ydispara. Se clava la piedra en la frente de Goliat, quien se desploma. No llevando espada, David agarra la del muerto y le corta la cabeza. Una ola de pánico se apodera de los filisteos. ¡Sálvese quien pueda! Los israelitas se lanzan entonces “tras los filisteos hasta el valle y hasta las puertas de Ecrón. Muchos filisteos cayeron heridos por el camino de Sha‘araim hasta Gat y Ecrón.” (1 Sam 17:52)

 

Ésta es la trama dramática de la batalla más famosa de toda la Biblia. Ahora bien ¿qué sabemos de su marco geográfico? ¿Podemos fijar su lugar con precisión? Volvamos, para esto, al texto. El relato bíblico abre sobre una descripción del terreno escogido por los dos ejércitos, desde el punto de vista de Israel, naturalmente: 

“Los filisteos reunieron sus ejércitos para la guerra, se congregaron en Soco, que es de Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-damim. También Saúl y los hombres de Israel se reunieron, acamparon en el valle de Ela [del Terebinto], y se pusieron en orden de batalla contra los filisteos. Los filisteos estaban sobre un monte a un lado, e Israel estaba sobre otro monte al otro lado, quedando el valle entre ellos.” (1 Sam 17:1-3)

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Mapa de la zona de la batalla. OpenStreetMap

Llama la atención la posición delicada de los israelitas en el fondo del valle del Terebinto mientras que los filisteos tuvieron tiempo de escoger un terreno favorable, encima de unas colinas que se extienden entre Soco y Azeca. Aunque la ubicación de Efes-dammim queda incierta, si cruzamos información con otros pasajes del Antiguo Testamento podemos identificar con alto grado de certeza Soco y Azeca. Ésta última aparece además en fuentes extrabíblicas como los Anales del rey asirio Senaquerib, quién la asedió en 701 a.C. En la época de David, Azeca estaba probablemente bajo dominio filisteo.

Soco es menos conocida. El autor sagrado la define como ciudad de la tribu de Judá, para evitar confusiones con otra Soco en el norte. Su identificación no supone ningún problema. Una colina de la ribera sur del arroyo del Terebinto preservó su nombre hasta hace poco. En árabe se llama Khirbet Shuweika (la ruina de Shuweika). Conviene notar que la Soco del norte lleva el mismo nombre. La similitud entre el árabe Shuweika y el hebreo Soco es palpable. Ahora, los israelíes la llaman Giv‘at ha-Turmusim (la colina de los atramuces) por la cantidad de flores de altramuces que florecen allí, al final del invierno.

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Vista del Valle del Terebinto (Emeq ha-Ela) desde Giv’at ha-Turmusim foto por Henri Gourinard

Entre Soco y Azeca, el valle del Terebinto (Emeq ha-Ela) da un giro brusco hacia el norte. En el interior de este codo, una colina se eleva, en frente de Azeca. Se llamaba Khirbet Qeyafa (la ruina de Qeyafa). A su cumbre, los arqueólogos encontraron unos restos bastante bien preservados de una ciudad de la Edad del Hierro, época de Saúl, David y Salomón. Khirbet Qeyafa consta con una muralla abierta al oeste y al este por dos puertas. En hebreo puerta se dice sha‘ar. Por esto varios estudiosos han propuesto identificarla con la Sha‘araim de la Biblia. Los arqueólogos, además, demostraron que las murallas existían ya en la época de Saúl. Podemos imaginar entonces, que Saúl se estableció detrás de sus murallas antes de mandar su ejército a posicionarse en el valle. En caso de derrota contra los filisteos, la ciudad hubiera servido de refugio. 

Vista hacia el Valle del Terebinto desde Kh. Qeyafa. Henri Gourinard<br />

Vista hacia el Valle del Terebinto desde Kh. Qeyafa foto por Henri Gourinard

Dios, sin embargo, dio la victoria a Israel. Fueron los filisteos que hubieron de escapar del campo de batalla. Los sobrevivientes encontraron su salvación detrás de las murallas de las ciudades de Gat y de Ecrón.

Por Henri Gourinard

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