Betania en tiempos de Jesús estaba a solo tres km de Jerusalén, era lugar de descanso para quienes llegaban desde Jericó. Hoy, el camino interrumpido por el muro de separación ya no pasa por Betania, y la ruta es mucho más larga. A Betania hay que ir. Pero, sobre todo, en Betania hay que estar. Subrayo esto porque Betania es el referente universal, para quienes deseen saber más sobre la amistad.

Jesús y Lázaro
A veces, los hechos, a fuerza de sabidos, pierden viveza: se transforman en clichés incapaces de dar más de sí. Visitar con calma los Lugares Santos es dejar que la foto fija cobre vida, y disfrutar, como un personaje más, de la savia escondida en las entrañas del relato.
En Betania, en la casa de Marta, María y Lázaro -tres hermanos amigos de Jesús-, sucedieron algunos de los episodios más bellos e intensos recogidos en los Evangelios. Sin embargo, lo que como luz de fondo ilumina todo, es su entrañable amistad con Jesús.
La amistad es, en cierto modo, biografía compartida que se va entretejiendo en el tiempo. La amistad es mutua, pero no necesariamente simétrica. Se comparten diálogos y silencios; gestos; sucesos banales o importantes; risas y llantos; trabajo y descanso; éxitos y fracasos… en un clima de confianza, sin filtros. La amistad nace y crece. Se hace.
Hay amigos de la infancia, de la adolescencia, de la primera y segunda juventud, de la vejez; amigos de amigos; amigos que quizá antes habían sido enemigos; amigos de la derecha y de la izquierda; amigos sobrevenidos…. Existen amistades que perduran en el tiempo y otras que se van quedando en la memoria – ¡nunca en el olvido! -, porque la amistad es el sustrato sobre el que germina y se desarrolla todo amor verdadero: el amor de los esposos, de los padres y los hijos, de los hermanos.
– “¿Sabes?” -Decía un hombre mayor a la hija de un amigo suyo, ausente, que le daba el pésame por el fallecimiento de su esposa- “Tu padre es el amigo que más quiero”. La chica le miró conmovida. – “Sí; ¡el que más quiero!” -repitió- “No el amigo con quien me entiendo mejor, o con el que tengo más afinidad -insistió-, el que más quiero”. “No se lo digas a él…” – “Bueno” -rectificó- “No pasa nada si se lo dices, porque él ya lo sabe”.

Jesús y sus amigos los apóstoles
Tomé nota. La amistad es así: una relación madurada entre personas que se quieren como son. El amigo está siempre ahí, aunque no esté. El amigo tiene un sexto sentido para hacerse presente cuando se le necesita. Se agradece siempre su presencia y, cuando no está, se le echa de menos. Marta y María echaron en falta a Jesús cuando Lázaro enfermó, y las dos se quejaron. Jesús lloró con ellas por el amigo muerto. Y quiso verlo. –“Huele mal, le dijeron, lleva cuatro días en el sepulcro”. Pero Él insistió. Y ellas creyeron en su poder: el poder del amor, el poder de Dios. Jesús, lo llamó por su nombre con voz fuerte de amigo, y Lázaro resucitó. “Y – añade San Josemaría Escrivá- tanto como a Lázaro, te quiere a ti” (Camino 422)
Por Carmen Rodríguez Éyre
