Un solo cuerpo, un solo espíritu: El camino hacia la unidad en Jerusalén

Ene 25, 2026

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que se celebró del 18 al 25 de enero, este año 2026 adquirió un relieve especial por el impulso que el Papa León está dando al camino ecuménico, como demostró en su primer viaje. En el ángelus del pasado 18 de enero, recordó que “hace precisamente cien años se publicaron por primera vez las ‘Sugerencias para la Octava de oración por la unidad de los cristianos’”, y añadía: “Invito, por lo tanto, a todas las comunidades católicas a reforzar, en estos días, la oración por la plena unidad visible de todos los cristianos”. 

Domus Galilaeae, capilla

Domus Galilaeae, capilla

La semana ecuménica, que este año se desarrolló bajo el lema “Un solo cuerpo y un solo espíritu (Efesios 4, 4), es principalmente una invitación a la oración y una llamada urgente a la fraternidad en un mundo herido. En Jerusalén, la “Ciudad Santa” y cuna de nuestra fe, se vivió con una intensidad única. A diferencia de otros lugares del mundo, la comunidad cristiana local siguió un calendario de encuentros vespertinos recorriendo diferentes sedes históricas, como manifestación de la rica diversidad de ritos y tradiciones que conviven en la ciudad. Los encuentros comenzaron el sábado 24 de enero, con el rezo del oficio ortodoxo Apodeipnon en el Calvario, y se extendieron durante ocho días, convirtiendo cada tarde en una oración común.

Desde el domingo 25, se sucedieron los encuentros en la Catedral Anglicana de San Jorge, la Iglesia Luterana del Redentor, la Catedral Armenia de Santiago y la Iglesia Católica de San Salvador. 

Uno de los momentos más esperados fue la oración en el Cenáculo, lugar donde nació la Iglesia primitiva. Allí, la oración por la unidad cobra siempre un sentido profético, recordándonos que, a pesar de las diferencias, todos bebemos de una misma fuente. 

Iglesia Santo Sepulcro, Jerusalén

Iglesia Santo Sepulcro, Jerusalén

Los siguientes días, las oraciones vespertinas tendrán lugar en la Iglesia Copta Ortodoxa de San Antonio y la Iglesia Etíope Ortodoxa. Finalmente, la Iglesia Melquita de la Anunciación cerrará el octavario como signo de la esperanza. 

Ciertamente, la unidad efectiva es una meta lejana, inasequible para las posibilidades humanas, pero no para el Espíritu Santo. Pero antes debe llegar una unidad afectiva, de cariño verdadero entre los cristianos, un objetivo importante y un paso hacia ese día en que todos seamos uno, para que el mundo crea. Y todos podemos contribuir a esa unidad. 

Don Joaquín Paniello, sacerdote

Catedral de San Jorge, Jerusalén

Catedral de San Jorge, Jerusalén

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