La Pascua judía en tiempos de Jesús

Mar 21, 2026

En la fiesta de la Pascua se revive la salvación del pueblo de Israel, cautivo en Egipto, cuando el ángel exterminador pasó de largo por las casas de los hebreos e hirió mortalmente sólo a los primogénitos de los egipcios. 

Según el rito oficial establecido en Jerusalén después del Destierro, su celebración comienza en la noche del 14 del mes Nisán, es decir, el día del primer plenilunio de primavera. Esa noche se come la cena pascual. La fiesta se prolonga durante una semana en la que está prohibido comer pan con levadura e incluso mantener levadura en las casas. 

Míriam celebra con las hebreas y escenas con las preparaciones para Pésaj

Míriam celebra con las hebreas y escenas con las preparaciones para Pésaj

Según la tradición judía, en la Pascua el pasado se hace presente, especialmente durante la narración de la liberación de Egipto, y lo que se vive en ese momento es testimonio de lo que seguirá haciéndose realidad en el futuro.

La Pascua es “memorial” (zikkaron) del pasado. En la Misná se habla de la actitud con la que se debe participar en la cena pascual: “En cada una de las generaciones ha de considerarse cada uno a sí mismo como si hubiese salido él de Egipto…” (Misná, Pesajim X, 5).

A la vez, esa liberación del pueblo en el pasado da fuerzas para trabajar por la construcción de Israel en la vida presente y alimenta la esperanza de la liberación definitiva en la consumación de los tiempos. Por eso, en tiempos de Rabbí Akiba se añadió al ritual esta petición: “El Señor nuestro Dios y el Dios de nuestros padres nos haga llegar con salud a otras pascuas y a otras fiestas que vienen a nuestro encuentro, gozosos por la reconstrucción del templo de tu ciudad y alegres por la restauración de tu culto” (Misná, Pesajim X, 6).

En los primeros tiempos después del Destierro el banquete pascual se celebraba como se describe en el libro del Éxodo: de pie, aprisa, como dispuestos para el viaje. Con la penetración de las costumbres helenistas fue tomando cada vez más un carácter festivo. En el tiempo de Jesús, los comensales estaban recostados, duraba varias horas, y se ajustaba a un detallado ritual.

En la noche del 13 al 14 de nisán tenía lugar la bediqah (búsqueda). El padre de familia rebuscaba por toda la casa y recogía hasta la última migaja de pan fermentado. Ese pan podía comerse hasta antes del mediodía del 14 de nisán, pero a las doce había que quemar lo que quedase.

Limpieza general de la casa previa a la Pascua Judía, Golden Haggadah, circa 1320

Limpieza general de la casa previa a la Pascua Judía, Golden Haggadah, circa 1320

El cordero se tenía a punto desde cuatro días antes (Ex 12,3). El día de la cena pascual, se llevaba a hombros (si era sábado atado con una cuerda) al templo poco después del mediodía. Tras la ofrenda del sacrificio vespertino, sobre las dos y media de la tarde, lo degollaba allí el padre de familia o su representante, mientras que un sacerdote recogía la sangre en una bandeja de oro o de plata y después la vertía sobre el altar. 

Al sacrificarlo y al prepararlo para la cena, no se le podía quebrar ningún hueso (Ex 12, 46). 

En el lado norte del altar de los holocaustos había ganchos en paredes y columnas donde se colgaban los corderos, ya desangrados, para desollarlos y destriparlos. Las criadillas, los riñones, el hígado y las partes grasas se llevaban al altar de los holocaustos y se quemaban. El cordero limpio, envuelto en su piel, se llevaba a casa. Allí se ensartaba en una rama de granado y se asaba sobre un fuego de carbón vegetal.

En el siglo I la cena se desarrollaba así:

Al comienzo, se distribuía una primera copa de vino, que era ofrecida por el padre de familia con una bendición. 

Seguidamente se hacía la purificación de las manos, lavándolas con agua. 

Después se servían las “hierbas amargas” (maror). Podía ser, por ejemplo, una ensalada preparada a base de escarola y rábanos. Antes de tomarlas se pronunciaba la correspondiente bendición. Al tomarlas se podía mojar ligeramente en jaróset, una pasta de frutas, frutos secos, vino y especias, que atenuaba un poco pero no debía ocultar el sabor amargo.

Seguidamente se llevaba el cordero asado y se servía la segunda copa. Sin comerlo y sin beber todavía del vino que había en la copa, tenía lugar el momento decisivo de la Hagadá pascual. Se iniciaba con un diálogo familiar entre el padre y los hijos. Uno de los más jóvenes preguntaba: Mah nistanah ha-layla ha-zeh mi-kol ha-leylot? [¿En qué se diferencia esta noche de todas las noches?]

En el diálogo se hacía notar que esa noche, a diferencia de las demás noches, se tomaba pan ácimo, verduras amargas, se remojaban dos veces las hierbas y la carne se comía sólo asada, no cocinada de otro modo.

Matzot pan sin levadura, por Claude Truong-Ngoc

Matzot pan sin levadura por Claude Truong-Ngoc

La respuesta a esas preguntas daba ocasión para narrar la liberación de Egipto, que había de ser muy detallada y era parte sustancial del rito. Lo esencial es el recuerdo o memorial de la salida de Egipto. Esta narración la hacía el padre en primera persona, como testimonio de que no se trataba sólo de recordar un acontecimiento del pasado, sino algo que de algún modo se hacía presente en ese ritual: “Esto es lo que el Señor hizo en mí, cuando fui sacado de Egipto…”

La narración era larga y extensa. Cuando se terminaba, se invitaba a los asistentes a agradecer a Dios los beneficios recibidos y se recitaba la primera parte del Hal·lel, que era un gran cántico de alabanza (Sal 113-114). 

Llegado ese momento se bebía, por fin, la segunda copa.

A continuación, el padre de familia bendecía los panes ácimos (matzot) y los repartía a los asistentes. Después también bendecía la carne del cordero y, una vez bendecido, se comía el cordero asado.

Tras retirar las sobras y lavarse las manos, esta parte de la cena se concluía sirviendo una tercera copa, o “copa de bendición”, que contenía habitualmente vino mezclado con agua. También ahora, antes de beberla se recitaba una larga y solemne acción de gracias 

La última parte de la cena la constituía el Hal·lel pascual, una larga composición de acción de gracias en la que se incluían los salmos 115, 116, 117 y 118, a los que con el tiempo se fueron añadiendo algunas exclamaciones de júbilo, agradecimiento y adoración.

La cena concluía, pues, con los himnos y aclamaciones de júbilo de aquel que ha experimentado en sí mismo la salvación de Dios. Como el propio texto, al recitar el Salmo 116, versículo 13, había invitado a “alzar la copa de la salvación e invocar el nombre del Señor”, la cena se terminaba con una cuarta copa. La sobremesa podía llegar, pero no sobrepasar, a la media noche.

Don Francisco Varo, sacerdote

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