Las murallas de Jerusalén

Jul 30, 2026

Siempre que paso delante de las murallas de Jerusalén me admiro de su espléndida belleza: doradas por la luz del sol, que ilumina los lugares santos de las tres grandes religiones monoteístas, invitan a entrar en la Ciudad Antigua por cualquiera de sus puertas. En un kilómetro cuadrado aproximadamente, las murallas hablan de siglos de historia, civilizaciones, pueblos y culturas superpuestas y entrelazadas, algunas desaparecidas. El recinto es prácticamente el mismo desde los Jebuseos, en la Edad de bronce, unos dos mil años antes de Cristo: Oriente y Occidente, Asía, África y Europa forman parte de este lugar.

Ancient map Jerusalem

Mapa antiguo de Jerusalén

Hay algo de eternidad entre estas murallas, declaradas Patrimonio de la Humanidad, que albergan en su interior la memoria de las horas amargas de la Pasión de Jesucristo y el triunfo de su gloriosa Resurrección. En palabras de Benedicto XVI, citadas por el Patriarca Latino de Jerusalén Pierbattista Pizzaballa, sus murallas son un símbolo del providencial cuidado de Dios por toda la familia humana. En su carta, que ha querido titular Volvieron a Jerusalén con gran alegría, Pizzaballa invita a acoger el sueño de Dios llamado Jerusalén y a asumir la tarea que conlleva, una tarea costosa que nos excede porque -son sus palabras- la ciudad “perfecta” no existe. 

Murallas de Jerusalén

Vista de la Ciudad de Jerusalén

El Cardenal, buen conocedor de las dificultades y del momento histórico, parte de un análisis realista y sereno para hablar de esperanza. Propone a los cristianos y a cuantos, de algún modo, toman esta Tierra como referente, levantar la mirada más allá de la ciudad refugio, construida por el hombre por miedo, y detenerse a contemplar la ciudad don, la Nueva Jerusalén, descrita por san Juan, «que desciende del cielo resplandeciente de la gloria de Dios”.  Se trata de mirar al cielo con los pies en la tierra y, sobre todo, de mirar desde el cielo: mirar como nos mira Dios y tratar de comprender Sus planes aquí y ahora.

La propuesta del Cardenal, enormemente atractiva, invita a un salto cualitativo que lleve a todas las gentes de buena voluntad a implicarse en lo que el Papa León XIV describe como la civilización del amor, que, son sus palabras, no es una utopía ingenua sino un proyecto exigente, (…) asume la tarea decisiva de transformar(…) la interdependencia padecida en una solidaridad deseada y elegida. (MH187) En último término nos anima a superar la ética del deber con la lógica del amor, puesto que nuestra libertad sólo alcanza su propia plenitud cuando elige amar.

Monte de los Olivos

Monte de los Olivos

A lo largo de la encíclica el Papa aborda numerosas cuestiones de plena actualidad y anima a trabajar con creatividad en la construcción de un mundo más humano. León XIV invita a acciones concretas, cada uno en su ámbito de responsabilidad: en primer lugar, dice, a desarmar las palabras y relanzar el diálogo. El diálogo es una dimensión ordinaria de la vida humana (…). Se trata de adquirir una actitud para construir lazos de fraternidad, hechos de escucha, de miradas sinceras, de tiempo dedicado, incluso de tiempo perdido juntos. Porque, si experimentamos el encuentro auténtico con el otro, el diferente, el extranjero, el migrante, se vuelve incluso mucho más difícil siquiera imaginar la guerra. (MH. 220). 

¡No tengáis miedo! Ha repetido el Papa en sus encuentros más recientes. Siempre es tiempo para recomenzar. Y, por supuesto, para volver a Jerusalén con gran alegría, como propone en su carta el Patriarca. 

Por Carmen Rodríguez Éyre

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