La Biblia no se desarrolla en un lugar abstracto. Sus relatos están profundamente unidos a una geografía concreta: caminos, desiertos, ciudades, ríos, imperios y pueblos que forman parte de la historia de la salvación.
Conocer las tierras de la Biblia ayuda a comprender mejor los acontecimientos del Antiguo y del Nuevo Testamento, desde la llamada de Abraham hasta los viajes de San Pablo.
La historia bíblica se mueve entre Oriente y Occidente, entre el desierto y el mar, entre pequeñas aldeas y grandes imperios. En ese mapa destacan especialmente la Tierra Prometida, Babilonia, Egipto, Nínive, Persia, Siria, Asia Menor y Roma.
La Tierra Prometida
Canaán, Israel, Judá, Yehud, Judea, Palestina, Tierra Santa… Son nombres distintos para una misma región: la franja de tierra situada entre el mar Mediterráneo y el río Jordán.
Esta tierra tuvo una gran importancia estratégica. Fue una vía de paso entre las civilizaciones del Nilo y las civilizaciones de la Creciente Fértil, hacia el norte, y del desierto arábigo, hacia el sur.
Según la Biblia, Dios prometió a Abraham que su descendencia poseería esa tierra. Allí el pueblo de Israel vivió su historia, allí se levantó Jerusalén y allí, siglos después, Dios eligió que el Verbo se hiciera hombre.
Babilonia
Babilonia aparece en la Biblia como una tierra decisiva y, al mismo tiempo, dolorosa para el pueblo de Israel. Es la patria de Abraham, pero también la gran potencia que, en el siglo VI a. C., conquistó el reino de Judá, destruyó el Templo de Jerusalén y desterró a los dirigentes del pueblo.
El exilio en Babilonia fue uno de los acontecimientos más importantes del Antiguo Testamento. Para Israel supuso una crisis profunda, pero también un tiempo de purificación, memoria y esperanza.
Egipto
Egipto es uno de los grandes escenarios bíblicos. En el Antiguo Testamento, aparece sobre todo como el lugar del Éxodo: la tierra de la esclavitud de la que Dios libera a su pueblo por medio de Moisés.
Durante la época de los reinos de Israel y Judá, Egipto se disputó la hegemonía de la región con las grandes potencias del norte. En el Nuevo Testamento, san Mateo señala que la Sagrada Familia se refugió allí durante la infancia de Jesús.

Las Tierras de la Biblia
Nínive
Nínive fue la capital del Imperio asirio, una de las grandes potencias de la Antigüedad. Según el relato bíblico, el Imperio asirio conquistó el reino del Norte y su capital, Samaría, en el año 722 a. C.
La ciudad de Nínive también aparece asociada al profeta Jonás, enviado por Dios a predicar la conversión a sus habitantes. Su presencia en la Biblia recuerda que la llamada de Dios no queda limitada a un solo pueblo, sino que alcanza también a las naciones.
Persia
La expansión del Imperio persa en el siglo VI a. C. puso fin al dominio de Babilonia. Ciro, rey de Persia, permitió que los deportados de Jerusalén regresaran a su patria en el año 539/538 a. C.
Desde entonces, Yehud, es decir, Judá, pasó a ser una provincia del Imperio persa durante unos dos siglos. Este regreso fue decisivo para la reconstrucción de Jerusalén, del Templo y de la vida religiosa del pueblo judío.
Siria
Siria ocupa también un lugar relevante en el Nuevo Testamento. Los Hechos de los Apóstoles destacan que fue en Antioquía de Siria donde los discípulos recibieron por primera vez el nombre de cristianos.
Después del martirio de san Esteban, la dispersión de los primeros fieles hizo que el Evangelio llegara a Fenicia, Chipre y Siria. De este modo, la fe cristiana comenzó a extenderse más allá de Jerusalén y de Judea.
Asia Menor
Asia Menor, la actual Turquía, fue una región clave para la expansión del cristianismo primitivo. Allí florecieron muchas comunidades cristianas, algunas fundadas por san Pablo y san Bernabé en su primer viaje misionero.
En el libro del Apocalipsis, san Juan dirige mensajes a siete iglesias de Asia Menor: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.
Roma
Roma aparece al final del recorrido bíblico como la capital del gran imperio mediterráneo. La última parte de los Hechos de los Apóstoles relata con detalle el viaje de san Pablo, como preso, hasta Roma.
San Lucas concluye su narración cuando el Apóstol llega a la capital imperial. Desde allí, el camino del Evangelio queda abierto al mundo entero.
Por qué es importante conocer las tierras de la Biblia
Conocer las tierras de la Biblia ayuda a leer la Escritura con más profundidad. Cada lugar aporta contexto: no es lo mismo leer el Éxodo sin entender el papel de Egipto, ni comprender el exilio sin situar Babilonia, ni seguir los viajes de san Pablo sin conocer Asia Menor y Roma.
La geografía bíblica muestra que Dios actúa en la historia real, en lugares concretos y con personas concretas. Por eso, recorrer mentalmente estas tierras ayuda a comprender mejor el mensaje de la Biblia y la unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Saxum, una puerta para comprender la Tierra Santa
En Saxum Visitor Center, cerca de Jerusalén, los visitantes pueden acercarse a la historia bíblica de una forma visual, didáctica y experiencial. Su recorrido ayuda a situar los principales acontecimientos de la Biblia en el tiempo y en el espacio, especialmente aquellos que tuvieron lugar en Tierra Santa.
Comprender las tierras de la Biblia no es solo aprender geografía antigua. Es descubrir el escenario real en el que se desarrolló la historia de la salvación.
