Tierra Santa, ventana a la vida de Jesús

May 19, 2026

Hace poco más de un año, tuve la alegría de peregrinar por segunda vez a Tierra Santa alojándome en Saxum Conference Center, cercano a Jerusalén. Ofreceré en dos partes, algunas vivencias personales de aquella inolvidable peregrinación. El título ya sugiere la relación entre el conocimiento que ofrece la fe en Jesús y los lugares que recorrió a lo largo de su vida, y que hoy también podemos contemplar.

Peregrinar a Tierra Santa para conocer la vida de Jesús

La fe cristiana tiene su fuente original en la gracia divina, “por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”, como escribe Benedicto XVI en su encíclica “Dios es amor”. La Persona divina que se hizo hombre, Jesucristo, ha recorrido y santificado nuestra tierra; por eso la llamamos “Tierra Santa”. A diferencia del Cielo que, como también dice Benedicto XVI pertenece a “la geografía del corazón”, por no ser ningún lugar material sino la misma vida de amor divino, Tierra Santa, en cambio, pertenece a la geografía del espacio, material, donde Jesús nació, trabajó, murió y resucitó. Es deudora de un marco geográfico de ciudades, ríos y montañas que, al contemplarlos hoy, suscitan en el creyente un revivir su fe y su amor. Los peregrinos que hayan pisado Tierra Santa suscribirán lo que acabo de afirmar.

Altar en frente de la Gruta de la Anunciación. Basílica de Nazaret

Altar en frente de la Gruta de la Anunciación. Basílica de Nazaret

Lo confirma también la aleccionadora experiencia del primer hombre que pisó la luna: Neil Armstrong. Este astronauta, profundamente cristiano, visitó Jerusalén en 1988 y pidió a Thomas Friedman, profesor experto en arqueología bíblica, que le hiciera de guía, llevándolo a lugares donde tuviera la certeza de que allí había caminado el Señor. Le condujo a los restos de las escaleras del Templo, de la época de Herodes el Grande, y le dijo: “Estos peldaños constituían la principal entrada al templo”, y añadió: “No hay duda de que Jesús subió por ellos”. Al oírlo, Armstrong se concentró profundamente en oración unos momentos, y después se dirigió a Friedman diciendo: “Para mí significa más haber pisado estas escaleras que haber pisado la Luna”. 

Huelgan comentarios salvo decir que, en mi caso, no fueron aquellas escaleras -que también pisé en Jerusalén- el punto de los santos lugares que más me conmovieron, sino otros donde, con plena seguridad no solo estuvo, sino que nació, murió y resucitó el Señor. Sólidos testimonios históricos y arqueológicos lo fundamentan. Serán cinco los lugares a los que brevemente me referiré: dos, corresponden a Nazaret y a Belén; y los tres restantes a la misma Jerusalén. Cada uno merece que el peregrino cristiano, sin prisa alguna, se detenga en recogimiento de oración, para que la gracia divina pueda fortalecer y reavivar su fe y amor a Jesús. 

Basílica de Anunciación, Nazaret

Nazaret, el lugar donde comenzó la vida terrena de Jesús

Nazaret: su nombre resuena como eco del mensaje divino a la Virgen María, para ser Madre de Dios. En el subsuelo de la amplia y moderna basílica de la Anunciación, una gruta de siglos y reducidas dimensiones rememora el anuncio del arcángel san Gabriel. El centro de la gruta lo ocupa un pequeño altar donde se leen, escritas en latín, estas palabras: “Aquí el Verbo se hizo carne”. El “sí” de María al querer divino, hizo que el Hijo eterno del Padre empezase a compartir nuestro tiempo y nuestra naturaleza humana. Poco más hace falta para que el peregrino, reavivando aquellos momentos, mantenga encendido su amor y su fe.

Diariamente al mediodía, los franciscanos custodios de la basílica conmemoran con una procesión, cantos y rezo del “Angelus”, aquel momento sublime en que Cielo y tierra quedaron abrazados por la Encarnación del Verbo divino. Tuve la suerte de estar presente en aquella procesión y posteriormente concelebrar la Misa en otro altar de la basílica. 

Fuente de Agua de María, Nazaret_

Fuente de Agua de María, Nazaret

Muy cerca se alza la moderna iglesia de san José; en su entorno se piensa que pudo estar emplazada la casa y taller de José, y más tarde la morada de la Sagrada Familia. No lejos de allí, como a diez minutos caminando, corre un manantial subterráneo; durante siglos, sus aguas harían la delicia de los aldeanos nazarenos. Allí, una pequeña construcción conocida como el “Pozo de María”, quiere rememorar la presencia de la Virgen que tantas veces acudiría a aquel o a algún otro manantial cercano, para proveer de agua el hogar de Nazaret.

Entornamos por hoy la ventana hacia los lugares y vida de Jesús, para reabrirla en un segundo artículo que nos llevará a Belén, cuna de su Nacimiento, y a Jerusalén donde con su muerte y Resurrección completó la obra redentora. 

Las actuales circunstancias dolorosas de guerra y enfrentamientos en aquellos territorios no afectan afortunadamente a los lugares de peregrinación. Pero esto no quita, sino todo lo contrario, que termine estas líneas pidiendo al lector unirse a la oración del Papa León y de tantos cristianos y gentes de bien, para que el Señor conceda a todos su paz: la que nos trajo a la tierra y anunciaron los ángeles en la noche de su nacimiento en Belén.   

Altar de Saxum Conference Center

Altar de Saxum Conference Center

Por don José Antonio García-Prieto, sacerdote

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