Betania: Hoy, la aldea de Lázaro, Marta y María se llama Al-Azariyeh – la aldea de ‘Azar en árabe, Eleazar en hebreo, es decir, de Lázaro.
De los tres hermanos, sin embargo, Lázaro es el más reservado. Los Evangelios no recogen ninguna conversación entre Lázaro y su amigo Jesús, mientras que dedican largos pasajes a sus hermanas. El más famoso de estos pasajes sigue siendo el episodio narrado por san Lucas, que presenta a Marta ocupada en sus quehaceres mientras su hermana menor escucha embelesada cada palabra del Maestro: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas» (Lc 10,41).
En el capítulo 11 del Evangelio de Juan, encontramos a las dos hermanas en circunstancias trágicas: la muerte de su hermano Lázaro.
«Había un enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta»
Jn 11,1.
Las dos hermanas enviaron recado a Jesús. Él, sin embargo, decidió permanecer donde estaba: en las cercanías de Jericó, «al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado» (Jn 10,40). El mismo san Juan, al comienzo de su Evangelio (Jn 1,28), nos dice que este lugar también se llamaba Betania. Jesús se había retirado allí con sus discípulos porque el ambiente en Jerusalén se había vuelto irrespirable (cf. Jn 10,39). No fue el temor a lo que le aguardaba en Jerusalén lo que impulsó a Jesús a retrasar su partida, sino el deseo de fortalecer la fe de sus discípulos mediante un milagro extraordinario: la resurrección de su amigo Lázaro.
Por eso Betania es famosa y por eso los peregrinos acuden allí para rendir homenaje a la tumba (vacía) de Lázaro. Hoy en día, debido a que Betania no tiene acceso directo a Jerusalén por causa del muro de separación, hay que dar un largo rodeo hacia el este para llegar. Jesús y sus discípulos, procedentes de la región del Jordán, también entraron en Betania por el este. Una iglesia administrada por la Iglesia Ortodoxa Griega señala el lugar del encuentro de Jesús con Marta:
«Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.»
Jn 11,18-20.
El camino continúa hasta otra iglesia, esta administrada por los franciscanos. La iglesia, construida por Antonio Barluzzi, fue consagrada en la década de 1950. En su interior, los cuatro ángulos del plano en forma de cruz griega están cubiertos con mosaicos que representan escenas de la vida de Marta, Lázaro y María. Restos de mosaicos bizantinos atestiguan la presencia de varias basílicas que se sucedieron en ese mismo lugar.
Durante las Cruzadas (siglo XII), la tumba de Lázaro fue incorporada a la cripta de una pequeña iglesia que luego fue destruida y convertida en mezquita. Una estrecha escalera conduce a la antecámara.
«Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y le dijo: «Quiten la piedra». Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto»
San Juan no menciona esta escalera descendente, pero sí señala que la tumba estaba sellada con una piedra. La escena se representa de manera muy dramática en el mosaico de la iglesia: la losa vertical es retirada, revelando a Lázaro de pie y envuelto en vendas, mientras Jesús clama con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!» (Jn 11,43).
Por Henri Gourinard
Mosaico en la Iglesia Franciscana de Betania.
